Declaración de Granada por la defensa y reconocimiento de los regadíos históricos y tradicionales de España

La Declaración de Granada para la defensa y reconocimiento de los sistemas de regadío histórico y tradicional de España fue aprobada el 13 de diciembre de 2025 en el I Encuentro de Comunidades de Regantes Históricas y Tradicionales de España, donde más de ciento veinte representantes de todo el país reivindicaron el reconocimiento y apoyo a estos regadíos. En ella se reconoce que estos sistemas históricos y tradicionales (sostenibles y extremadamente resilientes a lo largo de siglos) forman parte esencial del patrimonio cultural, ambiental, social y económico de España, por lo que es prioritario que se reconozcan social e institucionalmente su singularidad, sus valores sociales, ambientales, económicos y culturales y los servicios ecosistémicos que generan, erigiéndose como herramientas estratégicas para la prevención de desastres, la regulación hídrica y la mitigación y adaptación al cambio climático y frente a las amenazas actuales de intensificación y tecnificación agraria y de pérdida de biodiversidad, conocimientos y paisajes culturales.

Las comunidades de regantes, entidades de apoyo públicas y privadas y personas que lo deseen pueden manifestar su adhesión en este formulario para visibilizar el respaldo social e institucional a estos sistemas de regadío y a las comunidades que los sostienen y para reclamar políticas públicas que garanticen su protección y continuidad.

Descarga la declaración en PDF o lee el texto a continuación.


Los abajo firmantes, participantes en el I Encuentro de Comunidades de Regantes Históricas y Tradicionales de España, reunidos en la ciudad de Granada el 13 de diciembre de 2025, y comprometidos con la defensa, el reconocimiento y la continuidad de los regadíos tradicionales, consideramos que los regadíos históricos y tradicionales forman parte del patrimonio cultural, ambiental, social y económico de España. Se caracterizan principalmente por el riego por gravedad y por superficie y por la gestión comunal del agua. Su pervivencia a lo largo de siglos ha demostrado que son sistemas agrarios sostenibles y extremadamente resilientes. Han sido clave tanto para la supervivencia del medio rural y de la sociedad española en general, sabiendo conjugar las necesidades sociales, ambientales y económicas del territorio, por lo que deben ser reconocidos, defendidos, estudiados y divulgados. Por ello, declaramos:

1.- Que los sistemas históricos y tradicionales de regadío deben ser reconocidos, defendidos y valorados por sus valores sociales, materializados a través de sus comunidades de regantes. Estos sistemas comunales contribuyen a la justicia social del territorio mediante un reparto consensuado y equitativo del agua, contribuyendo a una buena convivencia entre los vecinos y vecinas gracias a sus sistemas de resolución constructiva de conflictos, construyen una sociedad más participativa, que establece un control democrático constante sobre el agua como recurso de primera necesidad. Ofrecen, además, un marco legal e institucional para prevenir y revertir iniciativas extractivistas, oligopolios, el acaparamiento de aguas, la sobreexplotación, la mercantilización del agua y otras iniciativas contrarias al interés común. Estos valores contribuyen a sostener el tejido social y las redes de apoyo mutuo en el territorio, combatiendo fenómenos como el abandono rural.

2.- Que los sistemas históricos y tradicionales de regadío deben ser reconocidos, defendidos y valorados por sus valores económicos, al ser sistemas de economía circular local (p.e. utilizan materiales naturales locales y no producen residuos), por tener una muy baja dependencia tecnológica (p.e. no dependen del abastecimiento de componentes electrónicos, suministros industriales, etc.) o energética (al basarse en la gravedad, tiene una nula o muy baja dependencia de electricidad, combustibles, etc.). Estas características los hacen especialmente sostenibles y resilientes: han sido capaces de adaptarse y sobrevivir a grandes crisis económicas, cambios sociales, ambientales, culturales y políticos a lo largo de siglos, perfectamente adaptados a su entorno, con el cual han evolucionado. Mantienen la producción de cultivos, pastos y otros ecosistemas, contribuyendo a la soberanía alimentaria del territorio, complementan las rentas locales y, de esta forma, contribuyen a fijar población rural mitigando el abandono rural y la despoblación.

3.- Que los sistemas históricos y tradicionales de regadío deben ser reconocidos, defendidos y valorados por sus valores ambientales, por su contribución a la conservación de los espacios agrícolas, seminaturales y naturales, a través de sostener un alto nivel de diversidad agrícola (cultivos, pastos, etc.) y biológica (especies y hábitats). Esto se consigue gracias a la capacidad de estos sistemas para generar y regenerar suelos, manteniendo su fertilidad y regulando su salinidad, facilitando y acelerando, además, los procesos de restauración ecológica, o actuando como corredores ecológicos para un gran número de especies. Los sistemas de regadío históricos y tradicionales son además ejemplos paradigmáticos de infraestructuras verdes y azules, y de Soluciones Basadas en la Naturaleza (SbN) que proveen de un gran número de servicios ecosistémicos a sus territorios, tanto a nivel local, como aguas abajo.

4.- Que los sistemas históricos y tradicionales de regadío deben ser reconocidos, defendidos y valorados por sus valores culturales, al tratarse de socioecosistemas agrícolas con una larga tradición histórica (al menos, desde época medieval) y un gran impacto en la cultura e historia de muchos territorios, siendo, hoy en día un elemento imprescindible para comprender la conformación del paisaje cultural y de la identidad local del territorio. Sus valores son universales y han sido reconocidos por la UNESCO. El conocimiento y la preservación de este patrimonio histórico y cultural como algo vivo y activo son herramientas que ayudan a solventar problemas y desarrollar soluciones en el campo social, económico y ambiental del territorio, a través de elementos culturales como sus instituciones comunales de gobernanza o el conocimiento ecológico tradicional.

5.- Que los sistemas históricos y tradicionales de regadío tienen una función estratégica para la prevención de desastres y para la mitigación y adaptación al Cambio Climático. Estos sistemas previenen incendios al reducir al mínimo los periodos de estiaje, disminuir la temperatura y aumentar la humedad ambiental. Adicionalmente funcionan como barreras verdes contra el fuego y facilitan la disponibilidad de agua para las labores de extinción. También disminuyen la erosión y los riesgos de corrimientos de tierra al mantener una buena cubierta vegetal, regulando tanto la escorrentía superficial como la torrencialidad de los cauces y las avenidas. Su funcionamiento tiene una huella de carbono mínima (p.e. por su baja dependencia de combustibles, transporte o componentes industriales), y aumenta la capacidad de los ecosistemas asociados al regadío de fijar grandes cantidades de carbono. Su función para mitigar los efectos del cambio climático como los eventos climáticos extremos (lluvias torrenciales, sequías recurrentes, etc.) o el cambio de distribución de comunidades vegetales y animales (al actuar como corredores ecológicos) es también clave.

6.- Que los sistemas históricos y tradicionales de regadío tienen una función estratégica para la regulación hídrica. Como sistemas hidráulicos, abastecen de agua potable y de riego a un gran número de territorios, regulando los ciclos hidrológicos, aumentando el periodo de permanencia y disponibilidad de agua en la cuenca a través de la infiltración y los retornos de riego. Algunas de sus técnicas tradicionales, como la recarga artificial de acuíferos y manantiales, son sistemas ingeniosos de Siembra y Cosecha de Agua, y han sido reconocidos internacionalmente como Sistemas Integrales de Gestión del Agua y como ejemplos paradigmáticos de Soluciones basadas en la Naturaleza. A partir del conocimiento local del medio, “Sembrar agua” significa, en esencia, convertir nuestros suelos en reservorios de agua que garantizan su disponibilidad y el equilibrio de los ecosistemas asociados.

7.- Que los sistemas históricos y tradicionales de regadío tienen como una de sus principales amenazas la intensificación, industrialización y tecnificación agraria, que acaba con la mayor parte de sus valores sociales, ambientales, culturales y económicos, creando un gran número de otros impactos negativos en el territorio. La práctica demuestra que la tecnificación contribuye a la industrialización del campo y la sobreexplotación de los acuíferos y contaminación de suelos, siendo la intensificación de la agricultura una de las principales causas de pérdida de biodiversidad en la Unión Europea. La tecnificación encarece los costes asociados con la actividad agraria, reduce la viabilidad de las pequeñas explotaciones, favoreciendo la concentración del recurso suelo y agua en pocas manos, perdiendo las comunidades del territorio una gran parte del control democrático sobre el recurso. A través de la intensificación, los objetivos económicos cortoplacistas combaten y anulan los objetivos ambientales, sociales o culturales del regadío.

8.- Que es necesario cambiar el concepto de eficiencia en el uso del agua, pasando de una definición reduccionista, desarrollista y extractivista, a una integral y compleja, basada en la multifuncionalidad de los sistemas agrarios y en los servicios ecosistémicos que prestan, más acorde con los desafíos actuales y los retos a los que nos enfrentamos. Como consecuencia, también es necesario cambiar el concepto de modernización, que no puede estar ligado solo a la tecnificación del riego, sino con medidas más amplias, basadas también en la multifuncionalidad o en un uso consciente de las innovaciones y tecnología que contribuyan a mejorar sin destruir todos aquellos valores y servicios ecosistémicos que merece la pena conservar para el futuro.

9.- Que es fundamental el reconocimiento de la singularidad de los regadíos históricos y tradicionales desde el punto de vista legal y administrativo. Este reconocimiento, junto al de los valores que aporta al conjunto de la sociedad y el de la labor de las instituciones de gobernanza sobre las que se basa el trabajo de las comunidades de regantes, debe traducirse en políticas activas de apoyo y defensa que deben quedar reflejadas en la legislación y normativa agrícola, ambiental, hidrológica, territorial y cultural, desde el nivel municipal al europeo. De la misma forma se deben implementar medidas legales y administrativas para evitar que se utilicen fondos públicos para la destrucción de regadíos históricos, convirtiéndolos en “incentivos perversos” que, prometiendo “eficiencia” y “ahorro”, agraven la sobreexplotación de los recursos, o la insostenibilidad de las explotaciones agrícolas, los sistemas de regadío o el tejido socioeconómico del territorio. 

10.- Que, por lo anteriormente expuesto, estos valores estratégicos deben ser reconocidos desde el punto de vista social, científico, legal y administrativo como herramientas estratégicas para abordar los desafíos sociales (despoblación o falta de oportunidades), ambientales (pérdida de biodiversidad, cambio climático), económicos (desigualdad territorial, pérdida de renta agrícola) y culturales (falta de arraigo, pérdida de saberes y conocimiento tradicional) que aborda nuestra sociedad hoy en día. En este sentido, las reformas legislativas y políticas públicas presentes y futuras deben reconocer y respetar los derechos históricos de las comunidades de regantes y su autonomía en la gestión del agua y su patrimonio asociado. Estos deben articularse a través del reconocimiento de los servicios ecosistémicos que aporta el regadío histórico y tradicional y el consecuente desarrollo de mecanismos de retribución por servicios que contribuyan a la sostenibilidad de estos sistemas, con el objetivo de garantizar la transmisión de este patrimonio para disfrute de las generaciones futuras sin ningún tipo de menoscabo en sus valores económicos, sociales, culturales y ambientales.